Te veo

w

POR: AGOSTINA SUÁREZ

 

Te miro y te veo. Y aunque parezcan expresiones iguales, señalan cosas diferentes. El mirarte, es mirar a alguien atractivo. A tus ojos, que son humildes y monótonos a simple vista. A tu sonrisa, que es sencillamente un adorno. Tu respiración pasa desapercibida ¿Qué tiene de importante? Es algo que todos hacemos, al fin y al cabo. Tus manos no parecen importar, son normales, todos tenemos un par. Todo parece tan aburrido y rutinario, las mismas cosas, en diferentes personas. Es más de lo mismo, cuando no los ves.

Y ahí radica la diferencia entre mirar y ver a alguien. Cuando ya no pasa desapercibida, cuando entra en tu campo de visión las cosas cambian por completo. Y no me refiero al campo visual que la mayoría de la gente posee, no. Es el campo visual de la vida, el personal, el que integra a tu vida a esas personas que no te las vas a olvidar, aunque quisieras. Cuando alguien entra a ese terreno visual, ya es parte de tu presente, del ahora, el tiempo en el que transcurren las cosas.

Y así entraste vos, sin pedir permiso alguno, sin tocar ninguna puerta. Así, sin previo aviso. Y si bien te había mirado alguna vez, en otro tiempo, en otro lugar y con otro motivo, ahora te veía.

Y me encontré con tu belleza particular, tan especial y única para mí, perfecto a tu manera. Con tus ojos marrones profundo, los que siempre decís que no tienen gracia. Y tal vez sean monótonos y “sin gracia” para vos y otra gente que te mira, pero no para mí, porque supe que eran únicos cuando me veías con cariño, afinidad especial. Tu sonrisa abandonó su estado normal, para convertirse en la cosa que más me gusta de vos. Comodidad, complicidad, picardía, melancolía. Tantas cosas transmitís cuando elevás las comisuras de los labios, esbozando el arte más bonito con el que fuiste dotado. 

Y de repente y sin quererlo, te convertís en alguien significativo en este desastre que me gusta llamar vida. Y cuando la existencia me hace degustar las más amargas decepciones, ahí está tu cariño para endulzarme la boca y hacerme pensar que no todo es tan malo. Que las cosas buenas están. Y empiezan a pasar, cuando dejas de mirarlas, y empezás a verlas.